martes, 26 de noviembre de 2013

Frente a frente.

Aquel día fue desgarrador. No era yo, era mi interior. Quería suicidarme, sentí la necesidad.
Encerrada en el baño frente al espejo, lo único que miraba eran los ojos de aquella persona que siento odio y ella por mi. La persona que intenta hacerme la vida imposible y lo logra. 

Poco a poco me siento más débil y lloro; cada noche es igual a la anterior. A veces siento que me falta el aire, las ganas de hacer algo o simplemente la fuerza para pararme. 
Esa noche puedo decir que no era yo. Era el reflejo de lo más profundo de mi ser. Mi enemigo, quién me ha estado controlando, lastimando y castigando todo este tiempo. Pude ver quién era la persona que hablaba en mi cabeza que me decía: "No debes comer, eres gorda. Necesitas bajar de peso. Córtate, llora, odiate". Pude entender de quién se trataba esa voz, era yo. Miraba fijamente mi rostro y mis ojos, podía sentir que se reflejaba lo más oscuro y profundo que se encontraba en mi. El odio y la mentira. 
Vi mis lagrimas caminar por mis mejillas y entrar por mis labios. No paraban de salir, era un mar y sentía que me hundía cada vez más. Se me aflojaron las piernas y me caí al suelo. Lo único que hice fue lamentarme de todo, odiarme y querer suicidarme. No podía parar de pensar en terminar con todo el dolor que llevo acumulado. Soy de esas personas que lastiman y dicen: "Esta bien, no pasa nada". Hasta que un día exploto. Me hace mal, lo sé. No puedo cambiar, es tarde. Intente una vez y caí. Será porque mi vida es así y lo será siempre. 

Otro día más sufriendo por lo mismo.

Mi pobre vida: Michelle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario