Sentarse afuera con la luz del sol encandilando nuestros
ojos, mientras nos miramos y sonreímos al saber lo feliz que me haces tu y lo
feliz que te hago yo.
Nada esconden esas inmensas sonrisas que sin querer se
sueltan cuando atravesamos nuestras intensas barreras que intentan ocultarlo
todo.
Entrelazar nuestros dedos despacio como si de tiempo hubiera
una eternidad para hacerlo una y mil veces más.
Salir corriendo sin huir a ningún lugar, solo porque nos
divierte vernos disfrutar del día que la vida nos ofrece y tenemos que sacar
provecho a cada momento juntos para no olvidarlos jamás y cuando seamos
viejitos contarnos las antiguas anécdotas que vivíamos en el parque esos días
de sol.
Disculpa si parece una historia de películas, pero es más
lindo cuando lo vives tu.
Lo escribí un día de felicidad.
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